La memoria auditiva es una capacidad clave en el desarrollo de la lectoescritura, especialmente en la etapa de Educación Infantil, donde se sientan las bases del aprendizaje lingüístico y cognitivo. Su adecuado desarrollo favorece el rendimiento escolar y puede prevenir posteriores dificultades. En el texto que se desarrolla a continuación, se propone una serie de orientaciones pedagógicas y actividades prácticas para estimular la memoria auditiva en el aula, como la repetición de secuencias de palabras, el uso apoyos visuales, el aprendizaje de canciones y los juegos lingüísticos. Para ello, es fundamental una intervención progresiva, estructurada y adaptada al ritmo madurativo del alumnado.
La memoria auditiva es la capacidad de registrar, procesar, almacenar y reconocer a corto plazo lo que previamente hemos escuchado.
Junto con otros procesos, como la conciencia fonológica y las habilidades metafonológicas, resulta clave para un adecuado desarrollo de la lectoescritura. Teniendo en cuenta que la etapa de Educación Infantil sienta las bases de las habilidades cognitivas y lingüísticas necesarias para este proceso (prerrequisitos), es fundamental trabajar de manera constante en el desarrollo y afianzamiento de la memoria auditiva.
Una adecuada adquisición de la memoria auditiva favorece un buen rendimiento escolar. Un déficit en su desarrollo podría estar relacionado con dificultades en el seguimiento de instrucciones, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o las Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA) asociadas a la lectura, escritura y cálculo aritmético (dislexia, disgrafía y discalculia). Además, cabe destacar que desempeña un papel fundamental en actividades de comprensión lectora (Yaringaño, 2009).
Una adecuada adquisición de la memoria auditiva favorece un buen rendimiento escolar.
Esta habilidad va a ser de vital importancia para el día a día de los niños y niñas en el contexto educativo. Así pues, la memoria auditiva es básica para poder comprender y realizar las tareas cotidianas como seguir una secuencia de instrucciones: colgar la mochila, coger un cuaderno y abrirlo por la página indicada y buscar en el estuche los rotuladores rojo y amarillo…
Algunas orientaciones pedagógicas para ayudar a nuestro alumnado con dificultades en la memoria auditiva podrían ser tales como:
• Dar instrucciones una a una, de forma clara y concisa.
• Hablar mirando a la cara, asegurándonos de que nos está atendiendo.
• Esperar a que haya realizado una instrucción antes de indicarles la siguiente.
• Complejizar de forma gradual el número de instrucciones que les damos.
• Ayudarles a través del apoyo visual (pictogramas y/o fotografías colocados a modo de tiras de instrucciones), sobre todo en las rutinas diarias.
• Trabajar de forma guiada y sistemática el entrenamiento de esta habilidad.
Así pues, la memoria auditiva es básica para poder comprender y realizar las tareas cotidianas.
Pero ¿cómo trabajarla en clase? Podemos lograrlo de forma simple y efectiva. Antes de comenzar, es necesario considerar la secuenciación y progresión de las palabras que utilizaremos en las actividades:
• Partir de palabras de una o dos sílabas e ir ampliando a tres y cuatro sílabas según vaya avanzando el grupo, es decir, de monosílabas y bisílabas a polisílabas de forma progresiva.
• Comenzar con palabras que contengan los primeros fonemas que adquiere el alumnado (/m/, /p/, /s/, /t/, /l/) y continuar con los que se asimilan en última instancia (/rr/, /f/, /ch/, /j/). Es importante tener claro el orden y la edad promedio en que las niñas y niños aprenden los sonidos del habla y ser consciente de que esto puede variar entre estudiantes.
• Ordenar las secuencias de forma que tengan una progresión lógica en complejidad.
Partiendo de estas consideraciones previas, sugerimos algunas actividades para llevarlas a cabo en el aula:
• Enunciar (de forma pausada y con una clara articulación) secuencias de dos palabras que los niños y niñas deben repetir en el mismo orden, desarrollando así la memoria secuencial auditiva, por ejemplo: sol–pan o pato–mesa. De manera progresiva, se aumenta la complejidad incluyendo palabras con un mayor número de sílabas y dificultad fonética. También se puede incrementar el número de palabras en las secuencias, hasta cuatro o cinco.
• Si observamos que esta actividad resulta complicada, podemos ayudarnos de apoyos visuales mostrando pictogramas, tarjetas ilustradas (flashcards), dibujos o fotografías. Se mostrarán al mismo tiempo que se pronuncia cada palabra. A continuación, se retiran para que los pequeños y pequeñas intenten recordar y repetir la secuencia. Una vez que el grupo haya interiorizado la dinámica, el apoyo visual se eliminará gradualmente, dado que el objetivo principal es fortalecer la memoria auditiva, no la visual.
Presentar, de nuevo, una secuencia de palabras. A continuación, eliminaremos una palabra de la misma y el alumnado deberá descubrir cuál se ha omitido, por ejemplo: cama–gato–cola–sol y, después, cama–gato–cola, ¿cuál hemos eliminado? Como variante, en lugar de eliminar una palabra, se podría añadir una nueva que los pequeños y pequeñas tendrán que identificar.
• Para desarrollar esta actividad, es recomendable que el alumnado ya esté familiarizado con la dinámica de repetición de secuencias, como la actividad anterior.
• Jugar con campos semánticos: se crean secuencias relacionadas con alguna categoría concreta (juguetes, fruta, prendas de vestir…), por ejemplo: “En la nevera tengo: queso, agua, leche”. Preguntaremos “¿Qué tengo en la nevera?” y el alumnado tendrá que recordar la secuencia palabras.
• Repetir y aprender alguna adivinanza, por ejemplo: “Oro parece plata no es”.
• Cantar canciones cortas:
El patio de mi casa es particular.
Cuando llueve se moja como los demás.
Agáchate, y vuélvete a agachar,
que los agachaditos no saben bailar.
• Repetir en grupo los nombres y apellidos de los compañeros y compañeras de clase. Primero, decimos: “Juan Pérez López”. Seguidamente, sugerimos al grupo que lo repita.
• Jugar al “teléfono estropeado”. Susurramos una frase al oído a un alumno o alumna. Este debe transmitirla al siguiente, y así hasta llegar de nuevo al inicio, comprobando si el mensaje se ha mantenido, por ejemplo: “Pepita come patatas”. Iremos aumentando el número de elementos de la frase de forma progresiva.
Una memoria auditiva lo suficientemente entrenada dará lugar a un adecuado desarrollo de las habilidades cognitivas y lingüísticas.
En definitiva, como se ha señalado a lo largo del texto, una memoria auditiva poco estimulada puede ocasionar que nuestro alumnado se desconecte de clase, tenga dificultad para seguir instrucciones orales, le sea complicado seguir la dinámica de un juego, realizar un dictado… Por el contrario, si está lo suficientemente entrenada dará lugar a un adecuado desarrollo de las habilidades cognitivas y lingüísticas.