La conciencia léxica es una habilidad clave para identificar, contar y usar palabras dentro de las oraciones, sentando las bases del aprendizaje lectoescritor. Esta capacidad se desarrolla a través de actividades diarias en el aula que refuerzan también la memoria auditiva. El profesorado de infantil puede incorporar dinámicas motivadoras en sus rutinas para que el alumnado reconozca las palabras que usan, las cuenten y las utilicen para formar frases. Este trabajo, que conecta con la conciencia silábica y fonémica, prepara de manera efectiva a los niños y niñas para futuros aprendizajes relacionados con el desarrollo del lenguaje.
La conciencia léxica, que surge del lenguaje oral, es la capacidad de escuchar, identificar y manejar las palabras que forman una oración. Es clave para facilitar la adquisición del vocabulario y fomentar el desarrollo de la conciencia fonológica, lo que a su vez impulsa las habilidades lectoescritoras. Este proceso no ocurre de forma espontánea ni automática; aprender a leer requiere una enseñanza organizada y sistemática que involucre diferentes tipos de actividades y la ayuda de los maestras y maestros. Sin embargo, incluso con estas herramientas, la lectura puede representar un desafío significativo para una parte considerable del alumnado (Alegría, Carrillo y Sánchez, 2005).
El aprendizaje de la lectoescritura y el desarrollo previo de la conciencia fonológica se fundamentan en el lenguaje oral. Por ello, debemos empezar trabajando los cimientos de este. Según Silvia Defior, “el lenguaje oral es un sistema de comunicación arbitrario que debe ser aprendido. Se transmite culturalmente de un modo natural, ya que es una actividad lingüística primaria”.
La conciencia léxica es una habilidad clave para identificar, contar y usar palabras dentro de las oraciones, sentando las bases del aprendizaje lectoescritor. Esta capacidad se desarrolla a través de actividades diarias en el aula que refuerzan también la memoria auditiva. El profesorado de infantil puede incorporar dinámicas motivadoras en sus rutinas para que el alumnado reconozca las palabras que usan, las cuenten y las utilicen para formar frases. Este trabajo, que conecta con la conciencia silábica y fonémica, prepara de manera efectiva a los niños y niñas para futuros aprendizajes relacionados con el desarrollo del lenguaje.
Para favorecer este aprendizaje, trabajamos de manera progresiva las tres conciencias que conforman la conciencia fonológica: comenzamos con las unidades más pequeñas, como los fonemas (conciencia fonémica), seguimos con las sílabas (conciencia silábica) y finalizamos con las palabras (conciencia léxica). En este sentido, es fundamental que nuestro alumnado esté inmerso en un entorno rico en vocabulario, lo que facilita el desarrollo de estas habilidades esenciales para la lectura y escritura.
A la hora de abordar la conciencia léxica es útil plantearnos dos cuestiones clave: ¿cuándo? y ¿cómo?
Para desarrollar la conciencia léxica de manera efectiva, es fundamental integrarla en las rutinas diarias mediante actividades estructuradas y repetitivas que permitan su consolidación. Durante la asamblea, por ejemplo, podemos aprovechar el momento en el que el alumnado explica su fin de semana para ayudarles a identificar y contar las palabras que han utilizado en sus propias oraciones. Del mismo modo, al leer un cuento, podemos realizar preguntas que les inviten a reconocer palabras clave, segmentar frases o reconstruir partes del relato. Las canciones también son una herramienta excelente, ya que su ritmo y repetición favorecen la identificación de palabras en un contexto significativo.
Además de fortalecer la conciencia léxica, estas actividades refuerzan la memoria auditiva, una habilidad esencial para la lectoescritura. Al escuchar y recordar palabras y estructuras orales, los niños y niñas desarrollan su capacidad para retener información, relacionar significados y utilizar el vocabulario de manera más fluida. De esta manera, no solo trabajamos el reconocimiento y manipulación de palabras dentro de una oración, sino que también les proporcionamos experiencias lingüísticas que faciliten la comprensión y el uso del lenguaje en situaciones cotidianas.
Entendemos la conciencia léxica como la capacidad de escuchar, identificar y manejar las palabras que forman una oración.
A la hora de abordar la conciencia léxica en el aula, es necesario plantearnos cómo trabajarla y qué tipo de actividades se llevarán a cabo. Volviendo a la definición, debemos tener presente que la conciencia léxica implica escuchar, identificar, contar y manejar las palabras dentro de una frase.
• Escuchar las palabras. Los niños y niñas están expuestos constantemente a palabras en el aula, pero nuestra labor es hacerlos conscientes de ellas. Por ejemplo, durante la lectura de un cuento como Blancanieves, el maestro o maestra puede incentivar la escucha activa y la expresión oral a través de distintas cuestiones: “¿Qué mordió Blancanieves?”. Si un alumno o alumna responde “una manzana”, se puede modelar la frase y completarla: “Blancanieves mordió una manzana” y pedir a toda la clase que la repita en coro.
• Identificar las palabras. En este caso, indicaremos al alumnado que señale con el dedo las diferentes palabras que componen una frase o que coloquen una ficha en cada una. De esta manera, les ayudamos a visualizar la estructura de la oración y a comprender mejor cómo está formada. Para reforzar este aprendizaje, podemos emplear diferentes estrategias, como:
o Dar palmadas por cada palabra.
o Tocarse partes del cuerpo (esto, además, refuerza el esquema corporal).
o Realizar movimientos, como dar saltos, agacharse…
o Usar gomets para señalar cada palabra.
o Mostrar pictogramas preparados previamente que representen las palabras.
o Representar las palabras con piezas de construcciones, donde cada elemento simbolice una palabra.
o Tocar instrumentos, como una maraca o un pandero, dando un golpe por palabra.
• Contar las palabras. Para abordar este aspecto, podemos realizar una actividad en la que el alumnado identifique y cuente cada palabra de forma individual. Primero, el profesorado dice una frase en voz alta y pide a los niños y niñas que la repitan. Luego, deben segmentarla en palabras, pronunciándolas una por una mientras realizan una acción específica por cada palabra, como dar un paso, una palmada o levantar un dedo. Para ello, podemos valernos de diversos recursos del aula: paneles numéricos en la pared o el suelo, números escritos en la pizarra, piezas de puzle de goma eva con números…
Este ejercicio también favorece la toma de conciencia de la estructura de la oración y del número de palabras que la componen. A medida que avanzan, se pueden proponer frases más largas o jugar con la velocidad y el ritmo para hacerlo más dinámico y motivador.
• Manejar las palabras. Una vez escuchadas, identificadas y contadas pasamos a manejar las palabras de la frase. Con el manejo de las palabras como unidades lingüísticas independientes vamos interiorizando la segmentación de las frases y, por tanto, el desarrollo de la conciencia léxica. Por ejemplo, volviendo al cuento Blancanieves, y tomando como referencia la frase “Blancanieves mordió una manzana”, podemos quitar la palabra “manzana” y sustituirla por otra para comprobar si la nueva frase tiene sentido: “Blancanieves mordió una piedra, ¿puede ser?”. Los niños y niñas propondrán otra que sea válida como, por ejemplo, “fresa”. También podemos realizar el cambio en el verbo: “Blancanieves bebió una manzana, ¿puede ser?” Ahora, tendrán que elegir entre diferentes acciones y formar la correcta, “Blancanieves bebió una limonada”. Además podemos añadir o quitar palabras, por ejemplo, “Blancanieves mordió” o “Blancanieves mordió una manzana y una fresa”. Así, el alumnado va comprendiendo que las frases se puede alargar o acortar (actividad relacionada también con el conteo de palabras).
En definitiva, la adquisición de la conciencia fonológica es un proceso base para la adquisición de la lectoescritura. Si se trabaja de forma dinámica, motivadora y atractiva para los niños y niñas en la etapa de Educación Infantil, facilitará un mejor rendimiento escolar, el desarrollo óptimo de destrezas previas a la lectoescritura y una puerta de enlace a otros saberes básicos.
Los niños y niñas están expuestos constantemente a palabras en el aula, pero nuestra labor es hacerlos conscientes de ellas.